jueves, 27 de marzo de 2014

Estabas pendiente.

¡Hueco! ¡Huecazo! ¡Marica! ¡Dejate de pajas! “Gritaban” los compañeros de la oficina por el chat interno de la empresa cuando se enteraron que Marisol me había ido a “dejar” a mi casa y yo no quería contarles que había pasado en su carro. Luego de aquel viernes de placer inconcluso, pasaron dos semanas y Marisol se mostró como si absolutamente nada hubiera pasado, pues el tema no lo volvió a mencionar, aunque de cierta manera se notaba un poco más en confianza conmigo, pues me hablaba un poquito más, en realidad no era tanta la diferencia, quiero pensar que era así y no que yo me lo estaba imaginando por lo sucedido hacía dos viernes. 

Con el paso del tiempo se miraba que ella iba tomando mas y mas confianza con la gente de la oficina en general, situación que me extrañó, pues dado nuestro secretito, pensé que conmigo iba haber mucha más confianza de la que hasta ahora tenía. Cierto día, que Rocío, la recepcionista estaba arreglando su escritorio luego de haber llegado, llegué yo y lo primero que hice fue preguntar por Marisol, situación que delató un poco mi interés por Marisol. Rocío medio lo notó, hizo un guiño y respondió que aún no había llegado. Ignoro que le contó Rocío a Marisol sobre mi pregunta de ese día, o si sacó de proporción mi pregunta, pero el caso es que me pareció raro que Marisol me preguntara sobre eso, levantando una ceja, me dijo literalmente “Me dijeron que me buscabas”, yo hice una cara de extrañeza y respondí “No, para nada, solo pregunté si habías llegado”, a lo que ella respondió “Pues aquí estoy, para que soy buena...”. Me pareció como intimidante su actitud y pensé que iba jugar también a lo mismo, así que le respondí “¿Pues tenemos algo pendiente, recuerdas?”, ella cerró los dos ojos y al abrirlos levantó nuevamente una sola ceja y me dijo “¿Así? ¿Cómo que será?” y yo le respondí “Pues si quieres te invito a una granizada con LECHE CONDENSADA y TERMINAMOS de platicar...” Dado que le puse énfasis a esa “leche condensada” y al “terminamos” ella se rió y me dijo, claro, te espero a la una y media para almorzar.

Dieron la una y media y justamente se dirigía hacia la salida, salió y se quedó esperando afuera, yo salí y al verme nos encaminamos hacia el lugar a donde generalmente íbamos a almorzar. Al inicio pensé que esa “salida” era medio secreta y que me iba decir que fuéramos a otro lado, pero ella se miraba fresca y sin prejuicios que no dijo nada. Llegamos al lugar para almorzar y como está cerca de la oficina, había varios compañeros que iban a almorzar al mismo lugar. Eligió una mesa que estaba a dos mesas de los compañeros más próximos, se sentó dándoles la espalda y por ende, yo me senté en el lugar frente a ella y de frente a los compañeros. Durante el almuerzo ella se mostró fresca sin prejuicios ni cola que le pisen, exactamente lo que yo quería. Ella no tocaba el tema y a mí que siempre me ha costado empezar ese tipo de temas de tajo, me hice el loco y solo hablamos de rumores del trabajo, que aquel anda con aquella, que aquel se voló a aquella, que aquella anda de faldas sueltas, en fin, chismes del trabajo.

Cuando ella mencionó que uno de conta le quería poner a Rocío, aproveché para preguntarle “¿Y nosotros cuando cuadramos?” ella se rió y me dijo “Ahhh si estás pendiente, casi se me olvida” seguro que se te va olvidar, si a eso veníamos, a definir, pero mi exceso de caballerosidad no me dejaba discutir el tema directamente, ella sonrió y dijo “Ahora hasta caballeroso me saliste” y yo respondí “Si no fuera caballeroso, aquel viernes te hubiera quitado el teléfono para que no contestaras y poder tener el final feliz que me robaron”, ella levantó una ceja y sonriendo me dijo “Eso me hubiera encantado”, al ver su ceja ligeramente sobre el nivel de la otra, me pensé que en realidad ella quería que ese final feliz sucediera y hasta me imaginé su cara picaresca viéndome mientras me hacía el oral recordando aquel glorioso viernes por la noche. Aprovechando eso decidí poner toda la carne en el asador le dije “El viernes after office” le dije con tono seguro y desafiante, ella hizo una cara de extrañeza y como aceptando el reto contestó “Va! ¡Pero en serio!” en ese momento me sentí como soldado después de ganar la guerra le extendí mi mano como cerrando un trato y le dije “Pero apagas tu celular” ella se rió, respondió al apretón de manos y se me quedó viendo fijamente como sabiendo que va ganar una buena apuesta.

Regresamos al trabajo platicando de situaciones personales, se reía a carcajadas de las cosas inusuales que le conté que me han pasado y yo deseaba que no hubiera ningún policía de tránsito para evitar la incomodidad de lo que pasó la otra vez en esa misma calle.

La semana terminó como cualquier semana en una oficina, con los ánimos más encendidos a medida que se acercaba el fin de semana. El viernes a la hora de salida, salió y se quedó esperando afuera, cuando salí me dijo “¿Nos vamos?”, inundado de extrañeza por no ver a nadie más que a ella, le dije, que sí. En el camino hacia su carro le comenté que pensé que al igual que la otra vez, íbamos a salir en grupo y me dijo que no, que se sentía mejor que saliéramos solo los dos, pues con algunos no tiene mayor relación que la laboral y que conmigo se sentía más cómoda. Yo me sentí halagado por ese comentario y sin cuestionar lo que me decía ya en el carro se enrutó hacia la zona uno. Sobre la séptima avenida y once calles de la zona uno empezó a buscar parqueo, pero dado que es una zona muy concurrida sobre todo los fines de semana, los parqueos estaban llenos. Durante esa búsqueda noté que había un lugar disponible pero en la calle, ella sin ningún problema me dijo que no importaba, que lo importante era parquearse porque quería tomar algo.

Me comentó que había un lugar frente a las cien puertas, que en realidad no era tan bueno, pero que ponían música, y sobre todo, había lugar para bailar; me comentó que ese lugar le parecía bien y casi sin ninguna respuesta alternativa le dije que estaba bien, que fuéramos a ese lugar. Al entrar, el lugar un poco oscuro, y con música electrónica a bastante volumen, como cualquier disco o bar nocturno. Nos sentamos y casi al instante le pregunté si quería tomar algo, ella contestó que generalmente no tomaba alcohol, pero que en ese momento se le antojaba una cuba libre. Cuando nos atendieron, le pedí la cuba libre y pedí un cubetazo de cerveza, pensando en que después se le podía antojar una, pues se podían calentar.

El lugar se empezó a llenar y la pista de baile se empezó a llenar. Dado el volumen alto de la música era un poco complicado entablar una relación y por iniciativa de ella, cuando llevaba dos tragos de mi cerveza, me haló hacia la pista de baile. Yo recordando sus movimientos de la última vez, nada perezoso me dejé llevar. Nunca he sido bueno para el baile, pero afortunadamente la música electrónica no tiene estructura de ritmo definida, prácticamente cualquier movimiento parece aceptable. Luego de un par de minutos deseaba que la música cambiara a reggaetón o lo que fuera que permitiera que ella rozara su redondo trasero en mis muslos, pues ese recuerdo de la última vez que bailamos era difícil de borrar, tomando en cuenta que vestía una falda sobre la rodilla, medias y tacones que hacían que su redondo trasero resaltara de su figura bastante femenina.

Como por arte de telepatía con el DJ, empezó a sonar “Cuéntale” de un tal Omar, música que aproveché para rozar su abundante cadera la máxima cantidad de veces pues ese trasero me tenía inquieto desde hace varios días. Afortunadamente ese tipo de música se prestaba para que se pusiera de espaldas a mí, y en repetidas ocasiones con movimientos provocativos, bajaba poco a poco inclinando su torso hacia adelante y su trasero rozaba con más fuerza y por más tiempo en mi entre pierna, haciendo que mi compañero de batallas se animara mucho más de lo que ya estaba solo con el incentivo imaginativo.

Así estuvimos bailando por varios minutos, la música cambiaba casi alternadamente como las veces que nos sentábamos para descansar y recobrar el aliento para el siguiente tipo de música, que variaba desde reggaetón, salsa, cumbia, merengue, bachata, éste último lo bailé con menos ímpetu, pues siempre me ha costado llevar ese ritmo.

Sin darnos cuenta ya eran casi las 11:30 y sin olvidar el objetivo, que era cumplir el contrato que en el almuerzo de ese día habíamos cerrado con un apretón de manos, pensé que en varios mataderos solo dan 3 horas por ser fin de semana, pero después de las 12, la salida puede ser hasta las 8 del siguiente día. Luego de dos cubetazos y 3 cubas libres, levantando una ceja me vio y me dijo “¿Y entonces?”, yo con tratando de esconder mi ansiedad por hurgar bajo su ropa interior, le contesté que nos fuéramos, ella con una sonrisa contestó que sí y salimos del lugar.

Ya en el carro le comenté lo de los horarios de los mataderos y la posibilidad de amanecer y me dijo que no podía, que podía llegar tarde pero tenía que llegar. Yo le dije que ya que estaba casi en el camino que fuéramos a un bien comentado lugar a unas cuadras del trébol. Ella me tomó la palabra y con música en el carro, nos dirigimos al lugar. Llegamos, y luego del proceso relativo al ingreso, entramos a la habitación la cual era temática, tenía unos pilares estilo romano y con una cama con decoración antigua.

Ella entró al baño y yo con la fea maña de siempre tener música en el teléfono, lo saqué y puse lo primero que sonara, afortunadamente fue música bastante movida, me senté en la cama, y cuando ella salió se empezó a mover al compás de la música, cosa que me encantó de sobremanera y que a mi amigazo bajo el ombligo también, pues ya venía despierto luego de la sobadera en el baile. Se me acercó moviendo las caderas y poco a poco se empezó a quitar la camisa, botón por botón, me miraba y se seguía moviendo, le vi el sostén, era blanco con encaje, sujetando ese par de redondeces que deseaba tocar desde hace varios días. Se quitó por completo la blusa y al ritmo de la música se acercaba hacia mí, yo sentado en la cama esperaba cada vez más poder tocar ese cuerpo, esos pechos, esa cintura, ese trasero y todo lo que me encantaba de ella. Al llegar hacia mí, abriendo sus piernas, se sentó en las mías y me dio uno de los besos más sensuales que jamás me han dado, me tomaba de la cabeza mientras me besaba, yo le acariciaba la cintura, la espalda, pasando mis manos por debajo de su sostén, sin quitárselo y luego regresaba a sus caderas y a su trasero, intentando meter mis manos en el ajustado pantalón de tela que tenía hasta sentir su ropa interior, una tanga con dos hilos que unían las dos partes.

Luego de un par de minutos en esa posición, abrazándola le quité el sostén y bajando de su boca, a al mentón, a su cuello y luego a su pecho, le acariciaba con los labios y la lengua ese par de senos tan hermosos y con los dientes fingía mordisquearle los pezones, que estaban lo bastante estimulados como para sentir su dureza en mi lengua. En esa posición, ella me quitó la camisa desabotonándola y luego de varios besos, empezó a bajar poco a poco desde el cuello, al pecho, del pecho al abdomen y  ombligo hasta toparse con la hebilla de mi cincho, el cual desabrochó mientras me miraba y hacía una sonrisa picaresca. Lentamente me desabrochaba el cinturón, luego el pantalón y mucho más despacio, casi a la inversa de mis ansias, el cierre del pantalón, me seguía viendo y esa sonrisa no la podía dejar de ver, me encantaba saber lo que estaba a punto de suceder en un par de segundos.

Casi podía sentir cada diente del cierre del pantalón por lo despacio que lo hacía, era difícil resistir aquella desesperación por adelantar el tiempo para que hiciera lo que iba a hacer, pero ella se tomaba su tiempo, luego de terminar con el cierre, me bajó el pantalón dejando notar el bulto que ya se marcaba en mi bóxer, acercó la boca lentamente y con los dientes tomó la orilla del bóxer y lo empezó a bajar lentamente, movimiento que me parecía mucho más lento que el del cierre, luego de ayudarse con las manos a bajarlo y dejar al descubierto mi miembro, sin usar las manos, pasó su mentón por la base de mi miembro ya bastante animado y poco a poco fue bajando hasta que su mentón pasó por mi glande, luego cerca de su labio inferior, yo en mi excitación casi podía sentir la humedad de su boca; cuando su boca estuvo justo al nivel de mi glande fue por demás excitante ver como abría la boca y con un movimiento un poco más rápido se introducía mi pene en su boca dejando sentir esa humedad que ya me estaba imaginando varios segundos antes.

Los movimientos de su boca llevaban casi el ritmo del sonido que emanaba de ella, ese sonido de humedad y succión que se escucha tan delicioso cuando se es partícipe de ese placer tan exquisito que es el sexo oral. De rodillas frente a mí, movía su cabeza de adelante hacia atrás, apoyándose en mi cadera y subiendo las manos de mis muslos a mi cadera, a mi abdomen, al pecho y nuevamente para abajo. Sacaba mi miembro de su boca, me miraba, sonreía, lo lamía, lo acariciaba con los labios y se lo introducía nuevamente dejando escuchar de nuevo ese compás de movimiento y sonidos que aumentan mucho más la excitación. Cuando notó que mis movimientos producto del placer que me estaba ofreciendo eran más notorios, se paró y me dijo, hoy si vas a tener el final feliz que te debía, pero va ser de otra forma. Terminando de decirlo, me terminó de quitar el pantalón y bóxer que aún estaban en mis tobillos, me haló hacia la cama y posicionándose sobre mí, cual jinete en su animal, se inclinó hacia mi dándome un beso, se apoyó sobre mis hombros y deslizándose hacia abajo sintiendo mi miembro en su entre pierna, se movía de manera que mi miembro se introdujera en su cavidad femenina que ya bastante humedecida me dejaba saborear.

Una vez que consiguió la penetración se empezó a mover de arriba hacia abajo, apoyándose en mi pecho y por momentos haciendo su cabeza hacia atrás, movimiento que me decía que estaba disfrutando de esa rica sensación tanto como yo. Luego de un par de minutos y de diminutos gemidos, se le empezaban a escapar gemidos cada vez mas fuertes al tiempo que se hacia atrás y se apoyaba en mis piernas, dejándome ver como la penetraba mientras que se movía de adelante hacia atrás. Como por comunicación corporal, luego de varios minutos, se posicionó boca arriba en la cama y me haló hacia ella, posicionándome frente a ella, abrió las piernas y me dejó ver ese majestuoso y erótico paisaje de su cavidad femenina dispuesta a que yo la llenara con mi masculinidad. Empecé a penetrarla despacio y poco a poco para disfrutar de esa humedad que ambos teníamos, me recosté sobre ella y la penetraba cada vez más rápido, nuestros ombligos se rozaban y casi se podía sentir como se mezclaba su sudor con el mío al tiempo que los gemidos se le escapaban mas fuertes mientras la penetraba una, otra, otra, otra y otra vez.

Cuando el ritmo de las embestidas bajó, aprovechó para levantarse, posicionarse de espaldas a mí y con manos y rodillas en la cama, me insinuaba con la mirada que la penetrara. Me acerqué a ella y luego de un par de besos en la espalda y cadera, la empecé a penetrar, con cada embestida de mezclaban los sonidos de mis muslos chocando con sus glúteos y de los gemidos que ella emitía, la tomaba de la cadera y la halaba hacia mí con movimientos un poco mas bruscos, ella se movía, hacía chocar sus nalgas con mis glúteos, yo acariciaba fuerte su espalda, su cadera, las piernas al compás de las penetraciones, de sus gemidos y de los míos. Pocos minutos bastaron para que la intensidad aumentara, el ritmo se acelerara y ella sintiera el caudal de líquido saliendo de mi y entrando en ella, en ese momento sus gemidos no eran tan fuertes pero si más largos, se contorsionaba como intentando extraerme hasta la última gota.

Después de ese excitante final, le día un beso en la espalda y le susurré al oído “Que final tan rico y feliz…” ella con la voz aún agitada respondió “delicioooossooooo”…

Luego de ese exquisito banquete de placeres, nos recostamos en la cama, yo ingeniándomelas para convencerla de que pasáramos ahí la noche y tener una segunda ronda de tan exquisito placer, pero ella insistía en que se tenía que ir porque la esperaban en casa. Yo resignándome, le dije que entonces en otra ocasión sería, ella contestó “si, algún día…” día que por el tono vi muy poco probable pero estaba satisfecho de lo que había sucedido minutos antes. Salimos del lugar, me pasó dejando a mi casa, y nos despedimos dejando entre líneas una posible segunda ronda.  


jueves, 7 de noviembre de 2013

Ahora es cuando.

Marisol, 19 años, secretaria de la empresa donde yo trabajaba hace dos años, ubicada en el edificio el cortijo, sobre la avenida reforma y 2da calle de la zona 9. Marisol terminó la secundaria graduándose de secretariado bilingüe en un colegio de los muchos de la zona 1. Al año siguiente entró a trabajar a la empresa y pues como la mayoría de las nuevas en una empresa y más en su primer trabajo, son tímidas, calladas e introvertidas. Marisol era llenita, no gorda, tenía senos de tamaño moderado y un trasero grande pero sin mucha forma, pelo negro liso, cara redonda, con un piercing en la parte superior de la oreja izquierda, más arriba de donde generalmente se lo colocan las mujeres. La empresa no era muy exigente en la vestimenta, pero ella generalmente llegaba como si fuera la secretaria del presidente, impecable, camisa blanca, falda corta pegada, tacones, bien arreglada, incluso a veces llegaba con chaleco, al muy estilo de los bancos.

Yo trabajaba para el área de cobros de la empresa, así que por cuestiones de que todo cuadre, muchas veces nos quedábamos tarde, después de que todos se iban, generalmente el jefe inmediato superior también se quedaba pues si nos íbamos muy tarde, él era quien cerraba. En los primeros días de Marisol, se le notaba en entusiasmo, aunque como cualquier aprendiz tenía sus errores, algunos leves y otros más garrafales, pero dado que estaba empezando, el jefe del área era un poco considerado con ella. Actitudes que casi todos empezaron a notar y empezaron los rumores de que el jefe le quería dar para sus aguas.

Entre la tertulia laboral ya se empezaba a rumorear que Marisol era de faldas flojas, pero nada concreto, simplemente porque generalmente tenía mucho entusiasmo y no le costaba relacionarse con la gente del trabajo, pues lo introvertida fue disminuyendo paulatinamente. Empezaba un trato con un poco mas de confianza, pareciera que solo con los hombres, pero en realidad era igual con las mujeres, situación que a veces incomodaba a algunas compañeras más antiguas, pero mucho más serias con la forma de trato.

Un día, en esa época de transición entre la timidez y la falta de ella, llegué a trabajar como normalmente lo hacía, pero me pareció ver muy poca gente en la oficina y resulta que era por una manifestación de esas que pasan por el obelisco, pasan por la reforma y se encaminan a la zona uno. Pues esa manifestación fue bastante multitudinaria, tanto, que casi ocupaban ambas vías de la avenida Reforma, las de ida y las de regreso, la cuestión es que esto provocó un tráfico bastante largo en todas las calles aledañas a la avenida Reforma y que era la razón por la cual mucha gente aún no había llegado a la empresa, sobre todo los jefes. Doña Gloria, la señora de mantenimiento llegó un par de minutos antes que yo y fue quien me contó sobre la manifestación. Dado que yo me movilizo un bus y mi ruta no es aledaña a la avenida reforma, y tengo que caminar varias cuadras desde donde me deja el bus hasta el trabajo, no tuve problemas para llegar.

Marisol vive en la zona 4 y por la cercanía con la oficina, tampoco tuvo inconvenientes para llegar como la mayoría. Cuando llegué la salude de beso, y cuando me incliné para saludarla noté que no tenía el arete en la parte superior de la oreja donde generalmente lo tenía, comentario que le hice casi inmediatamente de tocar mis labios con su mejilla, y ella hizo un gesto con los labios y los ojos y me contestó “Mmm mi papa”, yo le pregunté “¿Y eso?”, ella contestó que su papá tenía prejuicios con todo lo que se salga de lo normal para él, como piercings, tatuajes, ropa o peinados extravagantes, etc. Dijo varias cosas, entre ellas una que quizá se le salió por su gesto, lo que dijo fue “… y peor si me mira en carros ajenos de noche y peor si me mira…”, yo cual inocente no imaginé nada sobre eso, pero ella se calló, se sonrojó un poco e hizo un gesto y dijo “ya sabes, cosas que pasan”, yo no le di importancia y simplemente le dije que era normal, los padres siempre quieren lo mejor para sus hijos, la cuestión era el concepto de “mejor” para ellos, ella estaba de acuerdo y así siguió la plática, inocente. Casi daban las 9 y la mayoría de gente seguía sin llegar, desde la oficina se escuchaban las consignas de la gente de la manifestación, pero nosotros seguíamos platicando, luego de varios minutos, la marcha avanzó y se empezaron a descongestionar las calles, porque empezaron a llegar los demás compañeros, situación que cuando noté, le dije que ya estaban llegando todos y que si algún día almorzábamos, noté cierto desinterés porque me respondió “Si haber que día”, yo pensé aquí no va haber nada y simplemente me fui a mi área de trabajo.

Lo interesante fue que dado que salimos a almorzar a la 1 y media, a la una con veintinueve minutos llegó donde estaba yo, y me dijo “¿Listo?” yo hice una cara de extrañeza fingida y luego una cara como de comprensión y le dije “Ahh si, vamos”. Noté que varios compañeros estaban desconcertados, pues no era normal que algo así sucediera, conociéndolos, supongo que se quedaron especulando sobre ese “vamos” pero quien sabe. Nos dirigimos caminando cuadra y media del edificio a un restaurante decentón, ni shucos ni la estancia. Mientras caminábamos le dije que pensé que eso de almorzar algún día nunca llegaría y ella contestó “es que hay que dejarlos picados” yo me reí y le conteste “me gusta, la estrategia ante todo”, ella se rió y así nos fuimos platicando hasta llegar al restaurante. Durante el camino noté que se comportaba mucho más extrovertida que en la empresa, su risa es fuerte, generalmente casi rozando las carcajadas y yo creía que era extrovertida en el trabajo, pero comparado como es afuera, seguramente es su versión de recatada.

Al inicio me sentí raro pues dentro de la empresa pude lidiar con alguien así, viendo como era afuera, no sabía si podía “controlarlo”, pues me costaba responder y reaccionar a sus inesperados comentarios o acciones, por ejemplo, cuando íbamos cruzando la calle para llegar al restaurante, un policía municipal de tránsito estaba dando vía a los vehículos, cuando casi nos acercábamos a él me pregunto “¿Sabes que es un policía municipal de tránsito?” yo en ese preciso momento no supe que responder porque estoy casi seguro que el policía escucho, de reojo vi que volteó y se nos quedó viendo, yo me quedé callado por un momento mientras avanzábamos y a ella se le escapó una especie de carcajada en voz baja, a mi me dio risa su risa y también me reí. Unos pasos lejos del policía le pregunté “¿No, que es?” ella respondió “Es una cagada al revés” pero me lo dijo riéndose y pues me dio risa que se siguiera riendo, pregunté porque y me dijo “Porque arriba está la bacinica y abajo está la mier…” las carcajadas no dejaron que terminara la palabra y le dio un ataque de risa de varios segundos, a mi me contagió la risa pero también me reía por lo bueno del chiste, pues esos cascos que ahora usan son chistosos, terminamos cruzando la calle riéndonos y seguimos caminando al restaurante.

Durante el almuerzo todo iba bien, se mostró bastante cómoda, me comentó como se estaba sintiendo en la empresa, de su incomodidad con algunas de sus conservadoras compañeras y que estaban pensando salir a bailar el viernes siguiente luego de salir del trabajo. Pensaba auto invitarme cuando preguntó si me gustaría ir, desde luego contesté que sí, dijo que ya varios habían confirmado y conmigo éramos 7, 3 mujeres y 4 hombres. Al regresar del restaurante venía a mi derecha y repentinamente se pasó a la izquierda, como escondiéndose y se reía, cuando vi al policía de tránsito a media calle entendí, ella se seguía riendo y tratándose de esconder del policía, y esa especie de carcajada silenciosa no se borraba de su rostro.

Llegó el viernes por la tarde y ya varios comentaban sobre la salida, como cualquier viernes en una empresa se sentía la alegría de que se acercaba el fin de semana. Se llegó la hora y por unanimidad nos dirigimos hacia la zona 1, en dos carros, en el de Manuel de Contabilidad y en el de Marisol. Por supuesto yo intentaba acercarme a Marisol lo más que pudiera porque ese trasero me llamaba mucho la atención. Fuimos a un lugar sobre la séptima avenida y después de pagar el cover del cual ni tenía idea, porque los tristes 70 quetzales que llevaba pensaba estirarlos hasta que se dejaran. Ya en el lugar, pidieron 1 botella de XL, la cual costaba más del triple de su precio comercial, pero supongo que ya habían ido a ese lugar varias veces y para ellos valía la pena pagar.

Al inicio todo estaba tranquilo, reggaetón y música electrónica chocaban con los oídos de los presentes, muchos bailaban y a mí no se me podía quitar la idea de sus grandes glúteos chocando con mis muslos al ritmo de un patán reggaetón. Luego de varios minutos se puso mejor, se llenó más el lugar y empezó la bailadera. Viendo que casi todos bailaban, no me quería quedar atrás y pues como en ese momento Marisol estaba bailando, saqué a Rocío, la de recepción. Como muchas recepcionistas, era bonita, buen cuerpo, bien arreglada, pero por alguna razón mis ojos buscaban los movimientos de Marisol, de baile en ese momento y eróticos después, si se podía. Rocío no bailaba nada mal, movimientos que mi amigo de entre mis piernas sintió y que a gritos me exigía pegarlo más a las piernas y glúteos de una Rocío treintañera pero con bastante potencial.

Luego de varias “piezas” musicales, Marisol se sentó, pero viendo que estaba acalorada no quise hacer mi movida, seguimos dándole a la botella y luego de unos minutos la música cambió a cumbia, momento en el que me dije “ahora es cuando”, me paré y le dije a Marisol que bailáramos, quien totalmente desperezada se levantó y nos hicimos paso entre la gente. Al inicio lamentaba que la música hubiera cambiado, pues el reggaetón da más oportunidad de roces y sobijeos pero a falta de, trataba de pegarme a ella lo mas que podía. En uno de esos intentos, me pegué tanto que le rocé mi entrepierna horizontalmente con toda la redondez de su trasero, movimiento que noté que disfrutaba, pues se sintió un poco la presión que hizo hacia mí, seguimos bailando así y ella a cada cierto tiempo hacia ciertos movimientos en los que por instantes quedaba de espaldas a mí, viéndome de reojo y agachándose un poco dejando que los roces se hicieran un poco más largos. Así bailamos durante varios minutos y nos fuimos a sentar, eso se repitió varias veces durante la noche hasta que solo conmigo bailaba.

La noche se acababa casi al mismo ritmo que la segunda botella, salimos y a falta de seguir la fiesta, cada quien para su casa. Ella se ofreció a dejarme a mí y a Rocío, yo le quedaba de camino, pero para ir a dejar a rocío se debía desviar bastante. Nos despedimos todos y nos fuimos. Ella tomó el periférico y se enrutó hacia la Roosevelt, pues rocío vivía cerca del hospital Juan pablo II. La fue a dejar, nos despedimos y luego de que arrancó, se fue más despacio, intentaba tomarla de la mano para ver que mas podía salir y ella me correspondió, me le acerque y nos besamos, ella siempre manejando, al salir nuevamente a la Roosevelt se detuvo frente a la entrada del Seminario Mayor, la cual tiene una entrada desde la calzada, entrada que aprovechó para parquearse y para seguirnos besando. Los besos cada vez se hacían más intensos y yo sintiendo mis manos más libres empecé a tocarla, primero las piernas aprovechando la falda corta del trabajo, luego con muy poca agilidad le intentaba desabrochar la blusa, ella me seguía besando y me tocaba la entrepierna con movimientos circulares, la presionaba y me besaba, yo la acercaba hacia mí y le besaba la oreja, acto que hizo que se le escaparan un par de gemidos y dije otra vez “ahora es cuando” pero la razón me hizo recordar que del dinero que tenía, solamente me quedaban 20 quetzales, los cuales no ayudaban para logar mi cometido.

Entre beso y beso, ella me seguía tocando la entrepierna, la pierna, el pecho, la entrepierna, me tomaba del pelo y luego para abajo otra vez. Pensando estratégicamente decidí seguir y sugerir irnos a otro lugar con la esperanza de que ella pagara o me ayudara a pagar en su defecto. Eso pensaba cuando me intentó desabrochar el pantalón, yo caballerosamente la ayudé y solo mi bóxer separaba sus manos de mi miembro ya bastante atento. Ella lentamente me levantó el bóxer y metió su mano, instante en el que al mismo tiempo que notó la humedad, dijo “Huuyyyy”, con una risa maliciosa, yo la seguía besando, los labios, el cuello, los senos y de regreso, ella empezó nuevamente los movimientos circulares en mi miembro bastante erecto y la sensación cada vez era más deliciosa. Yo intenté acomodarme recostándome un poco mas y ella bajó poco a poco de mi boca, hacia mi pecho, abdomen, hasta que de tajo sentí la calidad de su boca introduciéndose mi pene totalmente erecto, yo le acariciaba la espalda intentando meter mi mano en su blusa, intento que se hacía difícil dada la posición. No se cuanta experiencia tenía, pero ese oral lo estaba haciendo deliciosamente bien, sentía como sus labios besaban, metían y sacaban mi miembro humedecido de su boca, con ese sonido característico de la humedad mía mezclada con la humedad de su saliva.

Ella se movía y se estremecía, no sé si era porque le excitaba hacer orales o porque mi mano estaba en su espalda acariciando todo lo que podían, ese sonido exquisito de sus labios besando mi miembro seguía y poco a poco me estremecía, esa deliciosa sensación cuando lo introducía completamente en su boca es indescriptible, especialmente cuando lo hacía cada vez más rápido y mas y mas, movimientos que cada vez me hacían moverme y presionar su cabeza hacia mi procurando que se introdujera completamente en su boca, pues cada vez que pasaba eso, esa excitante sensación aumentaba bastante. Ella notó que me estremecía cada vez que la introducía completa y cada vez lo fue repitiendo y mientras lo hacía, me tocaba la pierna, el pecho y me presionaba hacia ella, los gemidos se me empezaban a salir y se mezclaban con los de ella, que como repito, se notaba que disfrutaba mucho hacer orales. Cuando los gemidos se hacían más constantes, ella la sacaba, la besaba lentamente, le pasaba la lengua, la acariciaba con la mano y poco a poco se la introducía nuevamente, aumentando la velocidad y luego la bajaba poco a poco, situación que se sentía deliciosamente bien.

Las caricias en mi pecho y pierna seguían, cada vez se introducía mi pene completamente en la boca y lo hacía mas y mas seguido, esos ricos movimientos se repitieron por varios minutos, ambos disfrutando de ese exquisito sexo oral que ella me estaba regalando, cuando la velocidad aumentaba, yo estaba por explotar, ella se seguía moviendo, se me escapaban los gemidos y me estremecía por esa deliciosa sensación, ella me miraba y se la introducía completamente, esas miradas hacían que estuviera más cerca de llegar al punto clímax cuando en ese preciso momento… suena su celular! Yo maldecía a quien interrumpió tan delicioso placer y ella contestó. Era su papa preguntando dónde estaba, ella respondió que ya iba para la casa, que en 15 minutos llegaba y para que no notaran su agitación hablaba despacio explicando que había salido con unos amigos del trabajo. Esos pocos minutos me parecieron siglos, después de que colgó, se me quedó viendo y me dijo “príncipe, estas pendiente…” le dio un último beso a mi miembro ya un poco desanimado y se posicionó para encender el carro. Yo no terminaba de maldecir a su inoportuno padre que me quitó uno de los mis placeres favoritos, terminar en su boca. Decepcionado me subí el bóxer, me arreglé y ya con más confianza le iba preguntando cuando íbamos a terminar lo que habíamos empezado. Ella con esa risa maliciosa me dijo que ya lo pensaríamos, y luego de seguir platicando, quedamos en definirlo en un próximo y espontáneo almuerzo.


lunes, 28 de octubre de 2013

La derrota

Aquel sábado por la tarde nos pusimos de acuerdo con Fredy, Miguel y su prima Cristina para ir al concierto de Vicente Fernández al día siguiente, es decir, el domingo 26 de agosto de 2012, como habíamos gastado bastante dinero para las entradas, porque cada una nos costó Q 800.00 mas lo que cobran por servicio, estábamos haciendo cuentas para saber cuánto debía llevar cada uno aproximadamente tomando en cuenta la gasolina, la comida, las cervezas, etc.

Yo llegué aproximadamente a las 4 de la tarde, ya había bastante gente para esa hora, como yo iba en bus, me compré una cerveza mientras esperaba que llegara Fredy, porque Cristina iba llevar a Miguel en su carro pero llegarían hasta las 6 de la tarde. Con cerveza en mano caminé despacio desde el inicio del estadio mientras me deleitaba la imaginación viendo vaqueritas pasar, con sombrero, maquillaje moderado, pantalones ajustados dejando ver la redonda forma de los glúteos, un escote de camisa que además de la delgada cadena de oro dejaba ver un sensual, brilloso y sudado escote que contrastaba con el pelo que le caía en hombro, y que al pasar dejaban un rastro de perfume exquisito, trataba de ignorar que la mayoría de ellas iban acompañadas de uno o varios vaqueros con camisa rayada, hebilla grande, panzones de bigote o candado mal afeitado, anillos grandes y cadenas en las muñecas. Estaba tomándome la segunda cerveza cuando me llamó Fredy, le dije donde estaba, llegó ya con una cerveza en la mano, y nos sentamos a platicar esperando a los demás.

Nos terminábamos la quinta cerveza cuando me llamó Miguel, le dije donde estábamos sentados y llegó con Cristina, quien por la ocasión pensé que llegaría como una vaquerita como las que había visto anteriormente, pues tiene pechos pequeños, pero lo compensa dos cuartas mas abajo por la parte de atrás, pero para mi sorpresa llegó como generalmente se viste, con una blusa pegada, generalmente dejando un hombro al descubierto, un pantalón pegado, zapatos abiertos con tacón no muy alto, pelo suelto, pulseras de distintos colores, aretes grandes y una cadena lo suficientemente larga para que el dige caiga al inicio de la unión del busto rozando la blusa, ligeramente maquillada y ese brillo en los labios que provocan besarlos suavemente.

Los saludamos, compramos cerveza para los dos, se unieron a la plática, la cual estaba en la maña de las mujeres de ir juntas al baño, platica a la que llegamos después de discutir patanamente sobre las diferencias entre las fantasías sexuales de hombres y mujeres. Luego de una falsa alarma por el ruido de la muchedumbre dentro del estadio, pensamos que ya iba a comenzar el concierto y las ansias aumentaron. Cristina se terminaba su segunda cerveza cuando el ruido de la gente del estadio anunció que el concierto empezaba, yo llevaba mi cerveza a la mitad y me la tomé de un solo por entrar al concierto. Hicimos la cola respectiva, primero estaba Fredy, luego Miguel, y frente a mí, Cristina. Como en todo concierto, las filas son largas pero al llegar a la entrada, el espacio personal se empieza a reducir hasta rozar a la persona de adelante y atrás. Sin ningún tipo de morbo intencional, los glúteos de Cristina empezaban a rozar mis muslos, su pantalón azul ajustado y mi pantalón negro holgado evitaban el contacto de piel. Esos movimientos ligeros continuaron por varios minutos, pero por respeto y caballerosidad trataba de evitarlos, aunque por dentro deseaba que la cola se compactara para tener roses más largos con sus redondos glúteos.

Entramos al estadio y el Hijo de don Chente teloneaba el concierto, buscábamos un buen lugar para acomodarnos y disfrutar del concierto cuando empezaron las primeras notas de guitarra de la canción “Me gustas” de Joan Sebastian, casi instantáneamente Cristina pegó un grito de emoción que se confundió con otros muchos gritos de la gente del estadio, tomándome del hombro y por el ruido de la gente me gritó cerca del oído “me encanta esa canción”, respondí que era una muy buena canción, la coreamos junto a la muchedumbre del estadio. Cristina se veía muy emocionada, movía la cabeza y el cuerpo mientras coreaba las canciones, movimientos que por su figura eran sexualmente llamativos, al menos para mí. La emoción aumentó cuando se despidió el hijo de Chente y llegaba el momento por el que habíamos pagado tanto. La multitud enloqueció cuando salió el mariachi Azteca tocando y Vicente Fernández cantando “Me canse de rogarle, me cansé de decirle…” todos gritaban emocionados, pero por la cercanía escuchaba mas los gritos de Cristina quien parecía no creerlo.

Cristina no parecía cansarse de gritar y corear las canciones, compramos varias cervezas adentro mientras coreábamos las canciones pero cuando escuché al mariachi tocar “La derrota” y a Chente cantar “Por darle rienda suelta a mis antojos…” ahora el que gritaba era yo, esa canción siempre me gustó mucho, casi me tomé la cerveza de un solo, cuando Cristina me vio, me abrazó y se balanceaba de un lado a otro, y recostando su cabeza sobre mi hombro, pero no fue hasta que la canción terminó que noté que cristina tenía sus manos en mi cintura abrazándome, cosa que me pareció extraño pues pocas veces había compartido con ella de esa manera, pensé que podía ser la emoción del momento y no le di mucha importancia. Luego de varias canciones su mano derecha pasó de mi cintura a mi bolsa izquierda trasera, cosa que me extraño mucho mas, pues el momento romántico ya había pasado. Noté que Miguel vio todo el proceso, pero como buen cuate se hizo el loco, simplemente se reía con un gesto de “Que serote”.

Durante el concierto hubo varias canciones que yo no había escuchado y Cristina tampoco, durante esos momentos platicábamos sobre el fracaso de las relaciones mientras yo intentaba desviar la conversación a un sentido más sexual, pues a esas alturas ya quería hurgar debajo de su pantalón. La plática se complicaba por momentos por el ruido de la gente pero seguía intentando haber si tenía “éxito”. Noté que cada vez que mencionaba temas sexuales, Cristina se reía de una forma maliciosa, inclinando ligeramente la cabeza y girándola como negando lo que yo decía y algunas veces limpiándose de los labios el exceso de cerveza con el dedo medio, cosa que aumentaba más mis ganas de desenmarañar sus tesoros íntimos.

No sé si fue el efecto de la cerveza o si en realidad Cristina me había tomado más confianza, pero al terminar el concierto ya bromeaba conmigo de forma distinta, se reía diferente, incluso su forma de trato era diferente. Salimos del estadio hablando de lo bueno que había estado el concierto y que me había quedado picado con la cerveza, cosa que Cristina también afirmó pero Fredy dejó claro que ella iba manejar y que no debía beber más. Tomé lo que dijo Fredy como plataforma para decir que como yo no iba manejar, si podía seguir, así que compre otras cuatro cervezas, una para Miguel y una para mí y dos para llevar, porque Fredy dijo que ya no quería y Cristina tomándole la palabra a Fredy, dijo que no porque debía manejar.

Durante el camino, no bastándonos el concierto Cristina puso un disco de chente y seguimos cantando en el camino. Por azares del destino sonó “La Derrota”, Cristina gritó y dijo, “hasta hoy la escuche pero no la voy a olvidar” refiriéndose a que esa canción motivó que nos abrazáramos, me vio por el retrovisor y me guiñó el ojo, cosa que afortunadamente solo yo vi. Pasó dejando a Fredy en la zona 6 y seguido le preguntó a Miguel si lo iba dejar a su casa, pues Miguel vive en la zona 1, el preguntó que pensaba hacer y ella respondió que lo dejaría en su casa y que después me iría a dejar a mí. Miguel dijo que estaba bien y lo pasó dejando a su casa, pero cuando se despidió de mí, me dio la mano, hizo una mueca, levantó una sola ceja y se rió, yo asumí que era porque solo quedábamos ella y yo.

Miguel se bajó y yo me pasé al sillón del copiloto. Ella seguía con entusiasmo rezagado del concierto y me preguntó que me pareció el concierto,  yo le contesté  “Mmm mas o menos” luego de una pequeña risa y con la mano haciendo el gesto de “mas o menos”  intentando ser indiferente, ella pegó la carcajada y me dijo “Que mentira!!! Si yo te vi gritando jajaja” luego me reí y le dije que efectivamente me había gustado mucho, sobre todo la plática a medio concierto mirándola fijamente a los ojos, se quedó seria por un instante y luego aprovechó el cambio de canción que escuchábamos para gritar y cantar “Por presumir, a mis amigos les conté…” yo la seguí y canté con ella. Durante el camino seguimos cantando y platicando, recordé que cuando intencional pero sutilmente insertaba temas o bromas sexuales en la plática, ella hacía gestos y se reía de forma distinta así que lo volví a hacer varias veces. Para esas alturas estábamos en el periférico  y al sonido de “Por tu maldito amor”, ahorrillo el carro, le subió volumen a la música, me tomó con una mano la pierna, con la otra me tomó de la playera y me acercó hacia ella dándome un muy sensual beso.

En ese momento estaba estupefacto, no podía creer que alguien como ella fuera a reaccionar así, pensé que quizá era el efecto del alcohol, aunque siempre había sido extrovertida, también pensé que posiblemente esa era su forma de ser, todo eso pensaba mientras intentaba disfrutar del beso que me daba porque aún me parecía difícil de creer que en realidad estuviera sucediendo, y que durara tanto, fue uno de los besos más largos de mi vida. Me tomó de la cabeza, pasó por el cuello, por mi pecho, mientras me seguí besando, cada vez más intensamente, pasó su mano de mi pecho al abdomen, luego a la pierna y luego sin previo aviso a mi entre pierna, la cual a esas alturas tenía un miembro un tanto abultado por los besos tan intensos que me estaba dando. Estuvimos así varios minutos, hasta hoy sigo pensando que me tardé mucho en corresponderle utilizando mi sentido del tacto, pues empecé por su pierna, subiendo hacia su ombligo, los senos el cuello, el hombro y de nuevo hacia abajo, intensificando el contacto en algunos momentos. Cuando llegué a su entre pierna estaba bastante mojada a pesar de tener pantalón, empecé a tratar de estimularla, pero la posición en la que estábamos me impedía hacerlo con comodidad. Luego de unos minutos de besos y toqueteos, me vio a los ojos y me hizo el gesto con el rostro de “¿vamos?”, yo ni lento ni perezoso le dije “ya estuviéramos allá”.

Ella se desvió hacia la Roosevelt y sin dejar de tocarme la pierna y la entre pierna, se metió al Omni y luego del proceso relativo al ingreso, entramos a la habitación. Ella entro primero, me llevaba de la mano, se sentó en la cama y me haló hacia ella, mientras me besaba me dijo “desde el concierto quería hacer esto”, luego de unos momentos de besarnos, lentamente me empezó a quitar la playera sin dejar de besarme, ya sin playera, me besaba el mentón, el cuello, el pecho, el abdomen y mientras lo hacía con las manos me desabrochaba el pantalón, me lo bajó y cuando sus labios iban por mi abdomen, con los dientes y lentamente me quitaba el bóxer hasta dejar ver mi miembro muy entusiasmado tanto como ella. Con las manos me terminó de bajar el bóxer, se paró, hizo que me sentara en la orilla de la cama, me empujó lentamente para que me acostara, me besó los labios, y poco a poco fue del cuello hacia abajo, cuando llegó a mi ombligo, empezó a bajar mucho más despacio, aumentando así mi excitación. Con el mentón rozaba mi miembro de un lado hacia a otro y bajaba pero muy despacio, con sus manos me acariciaba el pecho y las piernas, mientras unos sonidos de excitación se le escapaban por momentos.

Cuando por fin llegó su boca al nivel de mi miembro, con la boca semiabierta lentamente lo acariciaba de un lado hacia otro, lo besaba, abría más la boca y lo seguía acariciando sin introducírselo en la boca, yo me movía por la excitación y ella no dejaba de acariciarme. Al momento sentí la calidez de su boca cuando por fin lo introdujo al instante se le escapó un gemido más largo y más intenso, mis jugos se mezclaban con su saliva y producían el sonido del líquido en sus labios cada vez que introducía mi miembro en su boca, por momentos lentamente y por momentos más rápido, alternando las caricias en mis piernas y pecho mientras sus labios jugaban besando la base de mi miembro y por momentos con la lengua acariciaba mis dos testigos de lo excitante que estaba sucediendo.

Luego de varios minutos de un exquisito oral y bastante lubricado, se paró, le ayude a quitarse la blusa mientras ella con movimientos provocativos se quitaba el pantalón, la acosté en la cama y me posicioné sobre ella, besándole los senos uno a uno, mientras con las manos le acariciaba las piernas y entre ellas, notando lo húmeda que estaba. Con cada caricia en su entre pierna se le escapaban gemidos de excitación, pero su tanga aún me evitaba el contacto directo con unos labios bien rasurados y bastante húmedos. Seguí besándole los senos, el cuello y me dirigí a su oreja izquierda, momento en el que los gemidos fueron más seguidos y mi mano empezaba a hacer su trabajo bajo esa tanga blanca, comencé a mover mi dedo medio de arriba hacia abajo sintiendo directamente la humedad de esos labios que quería penetrar desde hacía varios minutos. Mi lengua seguía jugueteando con su oreja izquierda, mi mano derecha hacía su trabajo con su clítoris y mi mano izquierda le sostenía su mano derecha por encima de su cabeza. Varios minutos pasaron con mis dedos jugando con su clítoris y labios y mis labios jugando con su cuello, labios y pechos, cuando vi que los gemidos cada vez eran más seguidos y más intensos, me coloque frente a ella, lentamente le quité la tanga ya bastante húmeda, tomé un condón, me lo puse  y con mi miembro empecé a hacer el mismo trabajo que mis manos hicieron instantes antes. Ella se movía y con las manos se tocaba los senos, el abdomen y las caderas.

Luego de unos instantes de movimientos amalgamando sus jugos con los míos, lentamente la penetré y soltó el primer gemido fuerte, mientras dijo suavemente “hay, que rico…” yo sentí deliciosa esa calidez del interior de su vagina y me empecé a mover lentamente de adelante hacia atrás mientras ella levantaba las caderas de la cama contorsionándose y gimiendo al mismo tiempo. Poco a poco fui aumentando la rapidez del movimiento y la penetración era más rápida y más excitante. El sonido de su cuerpo chocando con el mío se empezaba a escuchar, mezclado con el sonido de la humedad de sus jugos y los míos. Las embestidas se hacían más fuertes y rápidas y ella gemía cada vez con más fuerza, la tomaba de las piernas, las colocaba en mis hombros y ella me tomaba de la cintura y me halaba hacia ella, cuando las embestidas bajaban de ritmo, aprovechaba para cambiarla de posición, le tomaba una pierna la ponía en el lado contrario, dejándola de lado y permitiéndome ver ese redondo y hermoso trasero, la penetré de lado y ella se empujaba hacia mi haciendo el sonido de nuestros cuerpos chocando cada vez más fuerte y se mezclaban con sus gemidos interrumpidos por su fuerte respiración.

En esa posición estuvimos por varios minutos cuando aprovechándola, se puso en cuatro dejándome ver mucho mejor el hermoso espectáculo de su trasero que se unía con su delgada cintura y me dejaba ver su espalda y el pelo que le caía en ella. La tomé por la cintura le introduje mi miembro y nuevamente gimió diciendo despacio “Por dioossss… que rico…” le acariciaba la espalda mientras la penetraba cada vez más fuertemente, sus gemidos eran más intensos, casi se intercalaban sus gemidos con un “¡hay! ¡Qué ricoooo! Mmmmm”, el calor aumentaba con cada embestida, el choque de su redondo trasero con mis muslos se escuchaba más fuerte y más seguido, ella se movía y contorneaba de arriba para abajo, se tomaba de pelo se agachaba sin dejar de gemir. Varios minutos penetrándola intercalando la intensidad y las caricias en su espalda, trasero y piernas, fueron aumentando la velocidad de las penetradas y en este caso era yo el que soltaba gemidos de placer y se mezclaban con los de ella, era exquisita la sensación de estar dentro de ella. Cuando se intensificaron las embestidas, ya no sabía donde más tocar, empecé a sentir esa deliciosa sensación en mi interior y tomándola mas fuerte de la cintura exploté y expulsé todo lo que pude, ella no paraba de moverse y gemir de placer, la abracé para sentir su cuerpo, los dos húmedos por el sudor, le besé la espalda, me acerqué a su cuello y le susurré al oído “Que rico…” Ella se rió y me dijo “Siiii que deliciosoooo, eso último estuvo Mmmmmm”.

Estuvimos acostados por otro par de minutos, yo me tomé casi de un trago una de las cervezas que aún llevaba, ya no estaba fría pero la sed me estaba matando, ella también se tomó una, platicamos sobre las veces anteriores que nos habíamos visto mientras nos terminábamos las cervezas. Luego nos vestimos, salimos, seguimos escuchando a Vicente Fernández, me dejó en mi casa, nos despedimos, y después de que me bajé del carro, puso a todo volumen “La derrota” canción que poco a poco dejaba de escuchar mientras se alejaba de lo que fue una noche inolvidable.